Scott Atran, Antropólogo: “la noción popular de un “choque de civilizaciones” entre el Islam y Occidente es engañosa. El extremismo violento representa no tanto el resurgimiento de culturas tradicionales como su colapso”

Scott Atram
El experto en el Estado Islámico Scott Atram, junto a un guerrillero kurdo en el frente. Fuente: elmundo.es

Lo que sigue es una presentación de Scott Atran, antropólogo, experto en antropología cognitiva y psicología del extremismo y Director de Investigación en Antropología del “Centre National de la Recherche Scientifique” en París, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el pasado 23 de abril. Es la primera vez que un antropólogo es invitado a esta instancia. En los últimos años, Scott Atran ha estado dedicado a investigar a grupos como Al-Qaeda e ISIS (Estado Islámico), entre otros.

Aclaración: La transcripción en inglés de la conferencia la obtuve del blog Plos, del antropólogo Greg Downey de la Universidad de Macquarie en Sidney, Australia. La traducción es mía y no ha sido revisada por el autor.

Agradezco a Ana López T. por compartir conmigo información sobre este autor y sus investigaciones recientes.

Presentación de Scott Atran:

Su alteza real, príncipe heredero Al Hussein Bin Abdullah II, señor Secretario General y distinguidos representantes, agradezco al Consejo de Seguridad y al Gobierno de Jordania por dejarme tratar de ayudar.

Soy antropólogo. Los antropólogos, como grupo, estudian la diversidad de las culturas humanas para entender lo que tenemos en común y lo que nos hace diferentes, y usar el conocimiento de qué tenemos en común para ayudarnos a salvar nuestras diferencias. Mi investigación busca ayudar a reducir la violencia entre las personas, tratando primero de entender pensamientos y comportamientos tan diferentes del mío como puedo imaginar, tales como acciones suicidas que matan a masas de gente inocente. La clave, como Margaret Mead me enseñó hace tiempo atrás, cuando trabajé como su asistente en el Museo Americano de Historia Natural aquí en New York, es empatizar con la gente, sin siempre simpatizar: participar en sus vidas hasta donde crees que es moralmente posible. Y luego escribir.

He gastado mucho tiempo observando, entrevistando y llevando a cabo estudios sistemáticos entre personas de los seis continentes que se sienten atraídas por las acciones violentas de un grupo y su causa. Recientemente, llevé a cabo un estudio con algunos colegas en Kirkuk, Irak, entre hombres jóvenes que mataron por ISIS, y con adultos jóvenes en las afueras de Paris y en los barrios de Barcelona que buscaban unirse a esa causa.

Con algunas ideas de la investigación en ciencias sociales, trataré de bosquejar unas pocas condiciones que pueden ayudar a evitar que esos jóvenes tomen el camino del extremismo violento.

Pero primero, ¿Quiénes son estos jóvenes? Ninguno de los guerreros de ISIS que entrevistamos en Irak tenía más que educación primaria, algunos con esposas e hijos pequeños. Cuando les preguntamos “¿Qué es el Islam? Ellos respondieron “mi vida”. Ellos no sabían nada del Corán o del Hadiz, o de los califas Omar y Otomán, pero aprendieron del Islam de la propaganda de Al-Qaeda e ISIS, que enseña que los musulmanes como ellos se dirigen a la destrucción a menos que primero eliminen las impurezas. Esto no es una extravagante proposición en las circunstancias en que viven, pues crecieron después de la caída de Sadam Hussein, en un mundo infernal de guerrilla constante, familias muertas y confusión, y estando recluidos en sus casas o en refugios temporales por meses.

En Europa y en otras partes de la diáspora musulmana, el patrón de reclutamiento es diferente: 3 de cada 4 personas que entran a Al-Qaeda o ISIS lo hace a través de amigos, familia o compañeros de viaje en busca de un camino que dé sentido a su vida. Es raro, sin embargo, que los padres estén al tanto de que sus hijos desean entrar en el movimiento: en los hogares de la diáspora, los padres musulmanes son reacios a hablar sobre los fracasos de la política extranjera o de ISIS, mientras sus hijos quieren entender desesperadamente.

La mayoría de los voluntarios extranjeros y los partidarios caen en los rangos medios de lo que los científicos sociales llaman “la distribución normal” en términos de atributos psicológicos como empatía, compasión, idealismo y querer ayudar a otros antes que hacerles daño. Son mayormente jóvenes en etapas de transición: estudiantes, inmigrantes, entre trabajos y compañeros, teniendo que dejar o habiendo dejado a su familia y buscando una nueva familia y amigos, compañeros de viaje junto a los que encuentran significado. La mayoría no tiene educación religiosa tradicional, y a menudo “nacen de nuevo” en una ideología estrecha y socialmente apretada, pero que abarca el mundo en una misión religiosa. Ciertamente, cuando quienes practican rituales religiosos son expulsados de la mezquita por expresar creencias políticas radicales, es cuando la acción violenta es más probable.

El verano pasado, una encuesta de ICM reveló que 1 de cada 4 franceses jóvenes –de todos los credos- entre las edades de 18 y 24 años tienen una actitud favorable hacia ISIS; en Barcelona sólo este mes 5 de 11 simpatizantes de ISIS, que planeaban volar partes de la ciudad, eran ateos o cristianos conversos. La impía alianza entre nacionalismo xenofóbico y yihad militante, que juega con los miedos del otro, está comenzando a desestabilizar a la clase media europea mucho más que el fascismo y el comunismo en los años 1920 y 1930, incitando al sacrificio tanto a nacionalistas xenófobos y militantes yihadistas. En contraste, nuestra propia investigación muestra que incluso entre la juventud occidental nativa, los ideales de la democracia liberal ya no provocan la voluntad de hacer sacrificios costosos para defenderla.ShowImage.jpg

Foto promocional de ISIS.

Europa tiene un rango de nacimiento de 1.4 por pareja, lo que significa que sin una inmigración masiva no puede sostener a la clase media sobre la que toda sociedad democrática exitosa depende. Aun así, Europa está lejos de lidiar efectivamente con los problemas de inmigración. Como una joven mujer de las afueras de París nos dijo, ella, como muchas personas con las que convive, no se siente ni francés ni árabe, y  como siempre será mirada con sospecha, escoge el Califato para ayudar a crear una tierra donde los musulmanes puedan unir sus recursos, ser fuertes de nuevo, y vivir en dignidad.

Pero la noción popular de un “choque de civilizaciones” entre el Islam y Occidente es engañosa. El extremismo violento representa no tanto el resurgimiento de culturas tradicionales como su colapso, cómo jóvenes sin amarras a tradiciones milenarias se azotan en búsqueda de una identidad social que les dé un sentido personal y gloria. Este es el lado oscuro de la globalización. Ellos se radicalizan para encontrar una identidad firme en un mundo plano, donde las líneas verticales de comunicación entre generaciones son reemplazadas por lazos horizontales entre pares que pueden dar la vuelta al mundo. Gente joven cuyos abuelos fueron animistas de la Edad de Piedra en Sulawesi, lejos del mundo árabe, me dijeron que soñaban con pelear en Irak o Palestina en defensa del Islam.

Aunque por lo general se ven en términos militares, Al-Qaeda, ISIS y otros grupos relacionados representan la mayor amenaza mundial como movimiento contracultural dinámico, uno cuyos valores van contra el sistema de Estado-Nación representado aquí en las Naciones Unidas y su Declaración Universal de los Derechos Humanos. Representa en la juventud de muchos lugares la más grande, más potente fuerza guerrera extraterritorial desde la Segunda Guerra Mundial. Y así como a Al Qaeda le tomó más de una década madurar en una amenaza global, pasarán muchos años antes de que veamos totalmente los efectos de ISIS, aun cuando éstos sean expulsados de sus bases territoriales.

A menos de que entendamos estas poderosas fuerzas culturales, fallaremos frente a la amenaza. Cuando, como ahora, nos enfoquemos en soluciones militares y policiales, las cosas ya habrán ido demasiado lejos. Si ese foco permanece, perderemos a la generación que viene.

Entonces ¿Qué se debería hacer?

En primer lugar, continúen (las Naciones Unidas) su importante trabajo en los problemas de desarrollo, y en inmigración e integración, con el objetivo de transformar la tan lamentada “población joven” en un auge de la juventud, desatando la energía y el idealismo que le son inherentes.

Déjenme proponer tres condiciones que yo creo que la gente joven necesita, con breves ilustraciones. Pero cada país tiene que crear y movilizar estas condiciones adecuándolas a sus propias circunstancias.

  1. La primera condición: ofrecer a la juventud algo que les haga soñar, o una vida con sentido de lucha y sacrificio en compañerismo.

Eso es lo que ISIS ofrece. De acuerdo al idaraat at-Tawahoush (La Dirección del Salvajismo), el manifiesto de Al-Qaeda en Mesopotamia, ahora ISIS, un plan global de medios debería compeler a la juventud a “volar a las regiones que nosotros manejamos … (Debido a) que la juventud de la nación está más cerca de su naturaleza (humana) a causa de su rebeldía interior, lo que los grupos islámicos inertes (sólo tratan de suprimir)”.

Cuando yo escucho otra agotante apelación al “Islam Moderado”, usualmente desde gente mucho más vieja, me pregunto: ¿Están bromeando? ¿Ninguno de ustedes tiene hijos adolescentes? ¿Cuándo algo moderado ha tenido atractivo  para la juventud anhelante de aventura, gloria y sacrificio?

Pregúntense ustedes: ¿Qué sueños pueden venir de las recientes políticas de gobierno que ofrecen un poco más que confort y seguridad? La gente joven no va a escoger sacrificar todo, incluidas sus vidas –la totalidad de sus propios intereses- sólo por recompensas materiales. De hecho, las investigaciones muestran que ofrecer recompensas materiales o castigos solamente empujan a los “verdaderos devotos” a los extremos.

La investigación también muestra que el mayor vaticinador de la voluntad de sacrificio es unir camaradas a una causa sagrada, lo que les da un sentido de un destino especial y la voluntad de lucha. Eso es lo que permite que grupos insurgentes y revolucionarios con poco poder resistan y a menudo prevalezcan sobre enemigos materialmente más fuertes que dependen de incentivos materiales, como los ejércitos y la policía, que se basan principalmente en el pago y la promoción antes que en el sentido del deber de proteger una nación. Los valores sagrados deben combatirse con otros valores sagrados, o rompiendo las redes sociales en los que esos valores son incrustados.

Segunda condición: Ofrecer a la juventud un sueño personal positivo, con una capacidad concreta de realización.

La atracción de Al Qaeda o Isis no es por los sitios web yihadistas, que generalmente son estupideces y grandilocuencias, aunque puedan ser un atractivo inicial. La atracción es por lo que viene después. Hay cerca de 50.000 hashtags de Twitter apoyando a ISIS, con un promedio de 1000 seguidores cada uno. Ellos tuvieron éxito en proveer oportunidades de compromiso personal, donde las personas tienen una audiencia con la que pueden compartir y refinar sus quejas, esperanzas y deseos. En contraste, los programas de “alcance” digital de los gobiernos típicamente proveen contranarrativas religiosas e ideológicas genéricas, aparentemente sordas a las circunstancias personales de sus audiencias. Ellos no pueden crear las redes sociales íntimas que los soñadores necesitan.

Es más, el mensajeo contranarrativo es generalmente negativo: “ISIS quiere construir un futuro, ¿Acaso es la decapitación un futuro que quieres, o de alguien controlando detalles de tu dieta y vestido?”

¿Acaso alguien no sabe ya eso? ¿Acaso le importa a alguien atraído por la causa a pesar de ello, o incluso por ello? Como una chica adolescente de los suburbios de Chicago replicó a agentes del FBI que la detuvieron de volar a Siria: “Bueno, ¿y qué pasa con los atentados bomba que matan a miles? Tal vez la decapitación detenga eso”. Y para algunos, la obediencia estricta provee libertad de la incertidumbre de lo que una buena persona se supone que tiene que hacer.

Además, cuando tú ya estás convencido de la virtud moral de la misión, la violencia no apaga la convicción, sino que la sublima y empodera, tal como Edmund Burke señaló acerca de la Revolución Francesa, que introdujo la noción moderna del Terror como una defensa del cambio político emergente.

Y no se equivoquen, pocos de los que se unen a la yihad militante, o al nacionalismo xenofóbico, son nihilistas. Esa es una acusación elevada por aquellos que antojadizamente se rehúsan a considerar el atractivo moral, y por tanto el peligro real, de tales movimientos. Estar dispuesto a morir para matar a otros requiere una profunda convicción.

La semana pasada en Singapur, algunos, hablando por los gobiernos occidentales, argumentaron que el Califato es mitología cubierta de poderes políticos tradicionales. El Califato ha resurgido como una causa movilizadora en la mente de muchos musulmanes. Como un imán nos dijo en Barcelona: “Estoy en contra de la violencia de Al Qaeda e ISIS, pero ellos pusieron nuestras prédicas en Europa y en todas partes del mapa. Antes sólo éramos ignorados. Y el Califato… Soñamos con ello como los judíos sueñan con Sion. Tal vez puede ser una federación, como la Unión Europea, de gente musulmana. El Califato está aquí, en nuestros corazones, aun cuando no sepamos cuál es la forma real que tomará”.

Si no reconocemos esas pasiones, nos arriesgamos a alentarlas.

Y cualquier compromiso debe estar en sintonía con los individuos y sus redes, no con un marketing de masas con mensajes repetitivos. La gente joven empatiza con el otro, generalmente no se dan sermones entre ellos. Desde Siria, una mujer joven mensajea a otra:

“Yo sé cuán difícil es dejar atrás a la madre y el padre que amas, y no decirles hasta que estás aquí que tú siempre los amarás, pero que tú fuiste puesta en esta tierra para hacer algo más que estar con ellos u honrarlos. Sé que esto probablemente es lo más difícil que tendrás que hacer alguna vez, pero déjame ayudarte a explicártelo a ti misma y a ellos”.

Tercera condición: ofrecer a la juventud la posibilidad de crear sus propias iniciativas locales.

Las Investigaciones sociales muestran que las iniciativas locales que comienzan a pequeña escala son mejores que los programas nacionales de largo alcance reduciendo la violencia. No importa qué organismos del gobierno quieras ayudar para facilitar esto. Deja que la juventud atraiga a la juventud en la búsqueda de caminos significativos que hagan sentido con sus propios problemas, sean sobre opresión y marginación política, falta de oportunidades económicas, el trauma de la exposición a la violencia, o problemas de identidad y exclusión social. Y sobre todo hay que apoyar el compromiso personal a través de apoyo mutuo y mentores de la comunidad, porque es casi siempre una circunstancia particular personal, compartida con amigos, la que el extremismo radical explora, arranca y trata de universalizar en una indignación moral y una acción violenta.

 

Consideren esto:

Sólo a los 16, Gulalai Ismail, y su hermana Saba, crearon la Seeds of Peace network (Red de semillas para la paz) con un grupo de amigos de la escuela, para cambiar las vidas de las mujeres jóvenes en Khyber Pakhtunkhwa, al noroeste de Pakistán. Ellos empezaron concentrándose en el lugar de la mujer en la sociedad, y como su membresía crecía, ahora están entrenando a activistas jóvenes para convertirse en constructores locales de la paz, desafiando la violencia y el extremismo. Ellos entrenaron a 25 jóvenes por año en los últimos dos años para unirse a promover la tolerancia, la no violencia y la paz. La iniciativa ha probado ser tan popular que en el último año han tenido más de 150 aspirantes.

Los 50 jóvenes voluntarios entrenados están ahora, sucesivamente, alcanzando a personas en sus comunidades que son vulnerables a la radicalización. Sostienen círculos de estudio y reuniones personalizadas con estas personas para desarrollar y promover ideas para un futuro pacífico. Aún en sus etapas tempranas, el programa alcanzará a 1.500 jóvenes en los próximos 3 años, creando un movimiento de activistas contra el extremismo radical y político. Los resultados son mucho más notables, pero Gulalai Ismail no va a hacer alarde de ellos en público.

Imaginen un archipiélago global de constructores de la paz como esos: si tú puedes encontrar maneras concretas de ayudarlos y empoderarlos sin tratar de controlarlos demasiado, ellos pueden ganar el futuro.

En suma, lo que es más importante es el tiempo de calidad y el seguimiento sostenido de la juventud por la juventud, que entiende que los factores motivacionales pueden variar mucho con el contexto a pesar de los elementos en común, ya sea para un padre joven de Kirkuk, una adolescente de París, unos amigos de barrio de Tetuán, Marruecos, o compañeros del equipo de fútbol de una secundaria en Fredrikstad, Noruega. Es un movimiento dinámico que es al mismo tiempo íntimamente personal y global -involucrando no sólo ideas emprendedoras, sino también actividad física, música y entretenimiento- para contrarrestar el crecimiento global de una contracultura del extremismo violento.

 

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Scott Atran, Antropólogo: “la noción popular de un “choque de civilizaciones” entre el Islam y Occidente es engañosa. El extremismo violento representa no tanto el resurgimiento de culturas tradicionales como su colapso”

2 comentarios en “Scott Atran, Antropólogo: “la noción popular de un “choque de civilizaciones” entre el Islam y Occidente es engañosa. El extremismo violento representa no tanto el resurgimiento de culturas tradicionales como su colapso”

  1. Me parece increíble la capacidad de manejo ideológico que tienen el ISIS y el EI, más la capacidad de leer perfectamente la situación de los jóvenes inmigrantes y lograr articularla con un fundamentalismo religioso, por lo cual probablemente la adhesión a estos grupos sólo vaya en aumento en los próximos años. Gracias por la traducción Claudito!

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    1. Lo relevante también es que ISIS entiende que al usar a jóvenes en sus filas, éstos pueden construir canales de comunicación más efectivos para la propia generación. Eso explica bastante por qué hay spots tipo videojuego (hay cosas calcadas de Call of Duty y GTA) que buscan comunicarse en el lenguaje de la generación de forma directa, sin ficción ni cuestiones forzosas.

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